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¿El fin del principio? ¿Volver al futuro?

Articulo por: Lunes 3 diciembre, 2018

Desde la redacción de @loscabareteros ponemos a su consideración la “Columna de columnas nacional” del lunes 03 de diciembre 2018. El fin del principio: AMLO y su movimiento bien pueden explicarse como un subproducto de esa larga “guerra de retaguardia” del PRI de administrar la descomposición de lo que alguna vez fue, realmente, el régimen de una revolución llena de energía y que tuvo su mejor momento bajo la presidencia del general Lázaro Cárdenas… No habrá salto al pasado. Me canso ganso…

Rayuela

El asalto de los desarrollos inmobiliarios a la capital fue una inagotable fuente de corrupción y enriquecimiento.

El fin del principio

Lorenzo Meyer, en El Universal, respecto al cambio de gobierno escribe lo siguiente: “Andrés Manuel López Obrador, AMLO, ya es el presidente de México, a pesar del largo y difícil trayecto. Si se incluyen a los dos emperadores y se cuentan sólo una vez a los repetidores en ese cargo en el siglo XIX, AMLO es el 68° mexicano que encabeza el gobierno a partir de la Independencia. Más importante aún, es que se trata del mandatario que se propone cerrar el ciclo que se abrió con la presidencia de Venustiano Carranza (1917) —el régimen de la Revolución Mexicana— e iniciar otro diferente. Si el proyecto de AMLO se materializa, entonces, con el mal del gobierno de Enrique Peña Nieto, (2012-2018), ese sistema que se inició con la caída de Porfirio Díaz (1911), sería un nuevo ancien régime; uno caracterizado por el autoritarismo priista y que, en términos de longevidad, tuvo pocos equivalentes en el mundo de su época. La peculiaridad del potencialmente nouveau régime que está naciendo, es que AMLO y su partido, alcanzaron el poder desde la oposición abierta, sin recurrir a la violencia. Tampoco hubo “concertacesión” de por medio, como las llevadas a cabo entre el PRI y su oposición de derecha, el PAN, ni victoria electoral bajo sospecha como ocurrió cada vez que en el pasado el gobierno en turno enfrentó una oposición fuerte. El régimen que engendró al PRI, fue un éxito en términos de supervivencia. El siglo priista incluye los años de preparación del terreno para la aparición de ese partido de Estado en 1929 y también la docena de años donde el PRI debió convivir con el PAN en la Presidencia, pero que, en la práctica, no significó una ruptura en la naturaleza del ejercicio del poder. Ese siglo priista, se caracterizó, en su segunda mitad, por la capacidad de la clase dirigente para administrar su decadencia, por prolongarla hasta el momento en que, sin otra salida viable, aceptó entregar el poder sin violencia y sin aspavientos. Desde esta perspectiva, AMLO y su movimiento bien pueden explicarse como un subproducto de esa larga “guerra de retaguardia” del PRI de administrar la descomposición de lo que alguna vez fue, realmente, el régimen de una revolución llena de energía y que tuvo su mejor momento bajo la presidencia del general Lázaro Cárdenas. Fue entonces, cuando una política de masas sostenida por la reforma agraria, el sindicalismo, la educación popular y el espíritu de la nacionalización de la industria petrolera, que el priismo consiguió crear y consolidar una gran base social y acumular el capital político suficiente para poder vivir por décadas de sus réditos. (…) La más que incierta marcha al poder del lopezobradorismo, logró su objetivo como combinación de la lenta pero sistemática descomposición de un sistema que de revolucionario devino en rapaz, con una voluntad opositora a prueba de desaliento. A partir de alcanzar el poder, viene la difícil tarea de construir lo nuevo y viable sobre una herencia institucional en ruinas, una tarea más ardua que cualquiera de las que emprendió Hércules.

No habrá salto al pasado

Enrique Quintana, en El Financiero, escribe que: “¿Realmente México va a dar un salto al pasado con la presidencia de Andrés Manuel López Obrador? No puede negarse que sí se buscará el regreso de diversos atributos, pues el propio AMLO así lo ha planteado, pero estamos muy lejos de poder generalizar esa noción de retroceso. Le pongo sólo algunos ejemplos. Una de las características del México de los años 50 o 60 en el siglo pasado fue la cerrazón del sistema político. El margen para la disidencia era mínimo. Se usaba la fuerza pública para reprimir y contener movimientos sociales. Hoy estamos lejos de esa circunstancia, independientemente del control que pueda tener Morena en el Congreso o en los congresos locales. Se dice que regresaremos a un modelo económico como el que había hace 40 años, y que se caracterizaba por una fuerte intervención del Estado y una economía cerrada con escasa competencia. En pocas cosas habrá tal cambio respecto al pasado como en el nivel de apertura de nuestra economía. Más allá de la presunta búsqueda de autosuficiencia alimentaria o energética, la estructura económica del país tiene un robusto sector exportador, que va a seguir creciendo. La continuidad del tratado comercial con Estados Unidos y Canadá va a fortalecer este sector. Habrá una gran diferencia entre el manejo de las finanzas públicas que hubo en México a partir de 1971. En la época de más desorden, el déficit público alcanzó niveles superiores al 15 por ciento del PIB. Ahora se ha reiterado el compromiso de alcanzar un superávit primario de 1 punto porcentual del PIB y un déficit total que estará apenas por arriba del 2 por ciento. No quiere decir lo anterior que López Obrador no tenga nostalgia de aquel mundo del Estado omnipresente y benefactor, de las economías cerradas y del crecimiento elevado sin inflación. La nostalgia de esos tiempos idos no es sólo suya, sino de millones y millones de personas en México y en otros países. En esa era, evocada por AMLO, por cierto, la corrupción de la clase política era un hecho generalizado, cotidiano y aceptado socialmente. López Obrador no es el único que ha pretendido un retorno a tiempos que añora. Diversos regímenes políticos en el mundo han querido y quieren hacerlo. Sin embargo, la marcha de la historia es asimétrica. Su rueda puede ir hacia delante, pero no en reversa. Lo que tendremos en los próximos meses y años es un proceso en el que sí habrá rasgos del pasado que van a tratar de traerse al presente, a un presente en el que ya no hay reversa posible. ¿En qué medida ese intento de introducir rasgos del pasado va a conducir a la creación de una economía disfuncional o de una sociedad fracturada, con una mayoría que va a aplastar? No lo sabemos aún. Y, en una medida importante, va a depender de lo que hagamos como sociedad”.

Me canso ganso

Raymundo Rivapalacio, en El Financiero, sobre Texcoco escribe que: “En su discurso en la plaza pública el sábado, el presidente Andrés Manuel López Obrador fue muy enfático sobre dónde se construirá el nuevo aeropuerto. No hubo cambio de señal. En Santa Lucía, como determinó tras una consulta ciudadana, se construirían dos pistas, y Texcoco, donde originalmente estaría, será un cementerio de cemento y fierro. El domingo, en el primer Consejo de Administración del Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México, bajo una nueva administración, se acordó mantener las obras mientras se hace una nueva reevaluación. Lo que hará el nuevo gobierno es ganar tiempo y maniobrar para salirse con su cometido sin afectación financiera. La clave se encuentra en la segunda página del borrador de la minuta que trascendió el domingo por la mañana –la definitiva tiene matices–, donde señala que este mismo lunes emitirá en Nueva York una oferta de compra por mil 800 millones de dólares. Es decir, no significa que el aeropuerto en Texcoco será terminado, sino que seguirán la obra hasta que logren eliminar la contingencia de una demanda colectiva –denominada Class Action– de los tenedores de bonos que fueron ofertados y adquiridos a través de la Bolsa de Valores en Nueva York. Se desconoce cuántos y cuáles fondos extranjeros estarían involucrados en la demanda colectiva. Algunos de estos fondos han hecho pública su participación en el aeropuerto de Texcoco. Por ejemplo, Paul Hastings LLP, un despacho de abogados global, anunció en 2016 y 2017 dos ofertas por un total de seis millones de dólares para financiar la construcción del aeropuerto en Texcoco, en representación de Citigroup Global Markets, HSBC Securities y J.P Morgan Securities, cuya cancelación podría acelerar el pago del bono y el interés. Varios manejadores de fondos viajaron a la Ciudad de México tras la cancelación de la obra en Texcoco para saber cómo resolvería el nuevo gobierno las pérdidas por incumplimiento del contrato, pero no hubo quién atendiera sus preocupaciones. Tras las frustradas gestiones se empezó a preparar una demanda colectiva que se presentaría tan pronto como oficialmente el gobierno del presidente López Obrador cancelara la obra en Texcoco. La decisión de continuar las obras fue un primer paso para evitar una acción legal. Ir a comprar los bonos en poder de los fondos, es una acción estratégica. De otra forma, lo que podría enfrentar el nuevo gobierno es una situación similar a la que vivió Argentina cuando en 2011 incumplió pagos por 132 mil millones de dólares en empréstitos, en medio de una crisis económica que provocó disturbios y violencia en las calles que produjeron la muerte de 39 personas. El gobierno argentino reestructuró la deuda y el 93% de los tenedores de bonos aceptaron los términos de la negociación. (…) El aplazamiento de la cancelación de la obra en Texcoco y la oferta de compra de bonos, tampoco es un camino sencillo y tiene que explicarse bien en México. La percepción de que el presidente López Obrador reculó es amplia. La comunicación tiene que ser precisa, sin márgenes a la confusión y dirigida a dos mercados simultáneos: el doméstico, particularmente quienes se opusieron a Texcoco, que ratifique que la cancelación es definitiva, y a los mercados, que antes de parar la obra, pagarán lo que se invirtió. Las dos conviven y no son excluyentes, no hay que olvidar”.

En defensa del neoliberalismo

Leo Zuckermann, en Excélsior, escribe sobre Neoliberalismo: ““Estás loco si piensas escribir un artículo defendiendo el neoliberalismo después de lo que dijo López Obrador en su toma de posesión”, me dijo un buen amigo el sábado. “Por el contrario, hoy, más que nunca, hay que salir a defender un proyecto ideológico que está siendo atacado desde la Presidencia con argumentos falsos, simplistas y maniqueos”, le respondí. Pues a lo mejor sí estoy loco, pero heme aquí defendiendo en lo que creo: en la libertad económica. El proyecto neoliberal, que fue implementado a partir del sexenio de Miguel de la Madrid, es la consecuencia de las profundas crisis económicas generadas por el estatismo desbocado durante los sexenios de Echeverría y López Portillo. En 1982, el país efectivamente estaba en quiebra. La solución fue llevar a cabo una serie de reformas para promover una economía de mercado. México optó por la ruta capitalista en un mundo donde todavía existían, vale la pena recordarlo, las opciones comunista y socialista. Desde mi punto de vista, el gran error del neoliberalismo mexicano fue no ser más agresivo en la apertura económica. Mientras que se abrieron grandes sectores a la economía de mercado, otras actividades prioritarias se mantuvieron cerradas. Prevalecieron monopolios (públicos y privados), así como oligopolios en diversos sectores estratégicos. (…) Ojalá la Cuarta Transformación abra estos sectores al mercado, tanto donde hay concentración de empresas públicas como de privadas. La otra opción es que el Estado siga dilapidando dinero de los contribuyentes con sus monopolios públicos y que en los privados sólo haya un cambio de cuates del capitalismo de cuates. (…) Lo que no se vale en el discurso de AMLO es equiparar al neoliberalismo con corrupción. Poner etiquetas de esta forma impide un debate ideológico de verdad. Si un neoliberal es corrupto por lo que piensa pues ya, de entrada, se jodió. No hay argumento ni dato que valga. Es una bobería muy peligrosa, tanto como decir que los judíos son tacaños, los musulmanes terroristas, los comunistas asesinos, los conservadores hipócritas, los mexicanos violadores o los estadunidenses tontos. Cosa vieja de los políticos demagogos: como reditúa políticamente, recurren a argumentos falsos, simplones y maniqueos para descalificar a los que tienen una religión, ideología o nacionalidad diferentes. No, señor Presidente, los neoliberales no somos corruptos por lo que pensamos. Los corruptos son los que se corrompen y usted, por cierto, los quiere perdonar”.

La Fiscalía de Chihuahua aprieta al grupo de Manlio: un nuevo hilo lleva al hijo de Gutiérrez

Dulce Olvera y Sugeyry Gándara en el portal SinEmbargo, escriben lo siguiente: “Este año, la Procuraduría General de la República atrajo la investigación que desde 2017 realizaba el gobierno de Chihuahua sobre el desvío de 250 millones de pesos de la Secretaría de Educación estatal. Pero la Fiscalía General del Estado mantiene en sus manos otra investigación sobre un desvío de 1 millón 740 mil pesos que involucra a dos empresas propiedad tanto de Alejandro Gutiérrez Gutiérrez (Jet-Combustibles), el ex secretario adjunto del PRI en tiempos de Manlio Fabio Beltrones, como de su hijo, Alejandro Gutiérrez Gómez (Promotora de Señalamiento Integral). Gutiérrez Gutiérrez dijo a SinEmbargo que son empresas con contratos legales, pero que no hay pruebas de que participaron en triangulación de recursos públicos. Adelantó que es momento de dar el segundo paso: “presentar elementos firmes y denuncias penales” en su defensa, luego de vivir nueve meses en prisión “y ser torturado” para firmar “una declaración contra Peña [Nieto]”.

AMLO 1/12: primera lectura

En Milenio, Carlos Marín, escribe que: “el primer día como Presidente de Andrés Manuel López Obrador sobresalta la cínica desfachatez con que las bancadas legislativas de Juntos haremos historia interrumpieron su discurso en San Lázaro para enumerar coreando, del 1 al 43, a los jóvenes de Ayotzinapa […]. Fueron los diputados de Morena y los partidos del Trabajo y Encuentro Social quienes, en la primera sesión de la actual legislatura, cometieron a coro la misma estulticia, a sabiendas de que, con excepción del PES, sus militantes gobernaban el estado y muchas de las alcaldías en que la delincuencia organizada era la verdadera autoridad porque […] trabajaban para ella. Se quieren vacunar y gritan ‘¡al ladrón, al ladrón!’, con la ilusa esperanza de que se responsabilice a instituciones federales del crimen que tanto influyó para el desinfle del aborrecido PRI… sin reparar en que escarbarle más al caso de ‘Los 43 asesinados’ por una banda de narcotraficantes lleva, irremediablemente, a la exhumación de complicidades políticas en que, sin deberla ni temerla, está implicado Andrés Manuel López Obrador. Entre los detalles del mensaje […], lo del ‘me canso ganso’ era innecesario; lo de ‘la mal llamada reforma educativa’ es tan incorrecto como decir ‘el mal llamado Paseo de la Reforma’; sobró aquello de ‘primero muerto que traicionarles’, y ya cansa la recurrencia a frases y lugares comunes del polvoriento siglo XIX, que remiten a las estampitas escolares de los héroes y a las reduccionistas anécdotas biográficas en los libros de texto gratuitos […]. Es de preocupar que, con datos por completo falsos, persista en su despreciativa y eutanásica descalificación de una institución que necesita mucho pero desconoce para intentar la paz a que aspira: la Policía Federal. Irreprochable, en cambio […], todo lo que se propone hacer a favor de los pobres, pero nada conciliador cuando sigue hablando de sus ‘adversarios’, y alevoso al afirmar que de 1982 a 2018, mediante la corrupción ‘neoliberal’ y el desprecio al pueblo, los gobiernos solo sirvieron para enriquecer a una ‘minoría rapaz…’”.

Lo que no se escuchó en los discursos

En el Excélsior, Pascal Beltrán del Río, escribe que: “México ha cumplido un ciclo más en su vida institucional: […] teniendo por protagonista a quien fue elegido en las urnas por la mayoría de los ciudadanos para cumplir un periodo sexenal. Se trata de un proceso que comenzó con Lázaro Cárdenas y ahora sigue con Andrés Manuel López Obrador. Eso habla de la solidez de las instituciones que México ha construido y es un llamado a no cejar en el esfuerzo por perfeccionarlas, de modo que sirvan a los habitantes a fin de mejorar sus condiciones de vida y su compromiso con el país. Lamenté no escuchar en los discursos que pronunció ese día el Presidente López Obrador un reconocimiento a esa fortaleza institucional, que muy pocos países del mundo pueden presumir, y a perseverar en ella. En sus primeros mensajes a la nación, el nuevo mandatario habló más bien de ruptura o, por ponerlo en sus propias palabras, de ‘cambio radical'[…]. En lugar de referencias a sus ‘adversarios’, hubiera sido bueno escuchar mensajes destinados a unir a la República y dejar atrás la polarización que caracterizó la etapa de proselitismo de este año […]. Hay quienes piensan que no se puede esperar que alguien que ha tenido un discurso radical desde hace tantos años tenga capacidad de cambiar. Yo creo que si no lo hace, las circunstancias lo obligarán a hacerlo […]. He mencionado muchas veces el caso de Nelson Mandela, un hombre que tomó las armas para defender sus ideas, pero abjuró de ellas, y en cuanto tomó el poder, llegó incluso a lo simbólico, en aras de enviar el mensaje de que gobernaría para todos. El cambio que se produjo en Mandela sorprendió, incluso, a sus más acérrimos enemigos. ‘Si yo no soy capaz de cambiar, ¿cómo puedo pedir a los demás que lo hagan?’, solía decir el sudafricano […]. Extrañé que junto a las abundantes referencias al pasado de México no hubiese una sola dedicada al futuro. No se habló de ciencia y tecnología ni de las tendencias que estarán conduciendo el porvenir de la economía […], como la automatización y el desarrollo de la Inteligencia Artificial. El mundo será muy distinto en seis años y es necesario prepararse para ello. Me hubiera gustado escuchar en los discursos de López Obrador las verdaderas razones por las que México, pese a sus avances, se ha atorado y no ha logrado dar el salto que podría y debería ejecutar, y entre las que la falta de respeto a las leyes y la deficiente calidad de la educación destacan por encima de muchas otras. Pero el sexenio apenas comienza y la realidad suele ser la mayor ordenadora del discurso”.

Regreso al futuro

Héctor Aguilar Camín, en Milenio, escribe que: “el sábado 1 de diciembre López Obrador no solo tomó posesión de la Presidencia de México sino también de la imaginación y la esperanza de sus seguidores, para ese momento, creo, muchos más que los 30 millones de personas que votaron por él. Los mexicanos tendremos no solo un Presidente poderoso institucionalmente, sino también un líder popular capaz de tocar con sus palabras los agravios y los sueños de sus gobernados. El Presidente que tomó posesión el sábado me hizo recordar varias veces lo que le dijo en una entrevista al periodista Jon Lee Anderson: ‘Yo siempre pienso lo mismo, pero actúo según las circunstancias’. Su discurso en el Congreso fue la versión esencializada de su libro 2018. La salida, y dos, sus retratos contrastantes: el de la pesadilla neoliberal (1983-2018) y el de la regeneración que vendría con su mandato. El Presidente del sábado piensa exactamente lo mismo que el candidato que escribió aquel libro, salvo en un asunto al que lo obligan las circunstancias: no combatirá la inseguridad regresando al Ejército a sus cuarteles, sino multiplicando su presencia en las calles. De la era neoliberal no queda hueso sano. Es la misma pesadilla en blanco y negro la que hay en el entonces candidato y el ahora Presidente. De la promesa de regeneración nacional que hay en el libro no faltó tampoco pieza alguna ni en su cambio de las políticas neoliberales por programas de gasto social ni en el mensaje religioso que late en el fondo de su promesa de renovación, bienestar y felicidad públicas. Literalmente: felicidad Intocada quedó también su admiración por los años del ‘desarrollo estabilizador’, los años estelares de la hegemonía del PRI, y su intención de implantar un modelo semejante de rectoría económica del Estado y primacía política del Presidente. El efecto de persuasión que dejaron en el ánimo público las palabras presidenciales de ese sábado de gloria solo es comparable en mi recuerdo al alcanzado en 1970 por José López Portillo, el último de los presidentes de la época añorada por López Obrador, también un Presidente persuasivo, prometedor de grandezas y esplendores. Me entusiasmé entonces, me preocupo hoy”.

Frenético inicio, ¿Le aguantarán el paso?

En El Universal, Salvador García Soto, escribe que: “después de ver el inicio de la presidencia de Andrés Manuel López Obrador este fin de semana, con su protesta histórica, su ritmo frenético y con discursos y eventos llenos de mensajes y significados, no hay duda: la congruencia discursiva y política del ahora Presidente, que confirma que la ruta que tomará su gobierno en lo social es la misma trazada desde el 2006 cuando inició su marcha hacia la Presidencia: un gobierno popular […] cuyo enfoque estará en la atención de los sectores más necesitados, mientras que en lo económico plantea un viraje del modelo neoliberal, que aunque mantiene el control de la estabilidad macroeconómica y la apertura comercial, cambia el enfoque del gasto público hacia programas y subsidios sociales, enfatiza apoyos al mercado interno y revive conceptos de ‘nacionalismo’ en temas de producción alimentaria, energéticos, además de imponer nuevas regulaciones a sectores financieros, bancarios y minería entre otros. Los primeros mensajes del nuevo Presidente […] arrojan certezas para unos e incertidumbres para otros. Cierto […] que el enorme apoyo popular y espontáneo que concita su Presidencia, que raya fervor […] es del mismo tamaño que las expectativas y ‘esperanzas’ ciudadanas de un cambio, y eso obliga a López Obrador a que sus acciones de gobierno prioricen a los sectores que le dan un apoyo que no tuvo ninguno de los últimos presidentes […]. Incierto para sectores que se sienten amenazados no sólo en la certidumbre económica y legal, sino en la polarización de un discurso que tacha como ‘conservadores que me quieren avasallar’ a todo aquel que no participe incondicionalmente de la convicción y la esperanza de la Cuarta Transformación […]. Lo que es un hecho también cierto, es que López Obrador será un Presidente activo como pocos. El ritmo de sus dos primeros días corroboran no sólo su anuncio de que trabajará 16 horas diarias y de que la seguridad y la pacificación del país […] serán su primera actividad del día con una reunión diaria a las 6 de la mañana […] Por lo pronto, en el arranque frenético de este nuevo gobierno, no hay duda de que el Presidente López Obrador tiene un compromiso y una visión propia y completa de un país que conoce desde abajo y a pie, como pocos políticos. Los resultados de sus políticas y sus decisiones las iremos viendo sobre la marcha y difícilmente alguien, incluidos sus adversarios, se atreven a apostarle al fracaso de una administración con tanto respaldo popular y más bien le desean éxito”.

Se acabó la fiesta

En Excélsior, Jorge Fernández Menéndez, escribe que: “los discursos de San Lázaro y el del Zócalo se complementaron: el primero fue dirigido al ámbito político y económico, fue un discurso mucho más de Estado, mientras que el del Zócalo se convirtió prácticamente en el cierre de la campaña, con los cien compromisos que asumió el Presidente López Obrador y que, sumados, configuran un enorme programa social, de infraestructura y de transformación del sistema, casi sin parangón, que habrá que ver en qué medida se puede llevar a cabo. El presupuesto que se presentará antes del 15 de diciembre tendrá que incluir partidas para todos estos programas y proyectos sin provocar inflación, sin endeudarse y sin aumentar impuestos, ese fue el compromiso presidencial. La confianza del Presidente en que alcanzará para todo ello con los recursos que se liberen de combatir la corrupción, no pasa de ser, por ahora, más que una expresión de deseos […]. En el ámbito de la seguridad hay mucha confusión. La Guardia Nacional no existe legalmente, pero ya está funcionando, y no se sabe qué sucederá con la Policía Federal […]. Otro capítulo de la seguridad, la personal del Presidente López Obrador, debe ser abordado en forma prioritaria. Hay dos formas de ver lo sucedido con sus traslados en la toma de posesión: una es casi enternecedora por el afecto y entusiasmo de mucha gente que se acerca a saludarlo y estar en contacto con él; la otra es de una profunda preocupación porque el Presidente queda expuesto a cualquier ataque a su integridad […]. El sábado se extrañó enormemente al Estado Mayor Presidencial. Por supuesto que el Presidente tiene que estar cerca del pueblo, de la gente, pero es prioritario que también esté protegido. Un inicio, como dijimos, arrollador del Presidente con un catálogo de cien compromisos que abarcan casi todo. Me sigue quedando la duda sobre si todo el equipo presidencial está realmente capacitado para sacar adelante un trabajo que se antoja colosal sólo para echarlos a andar. Por lo pronto, y como dice Serrat, se acabó la fiesta ‘y con la resaca a cuestas, vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas’. Andrés Manuel comienza a gobernar”.

Pregunta sin dobleces

Reforma, Templo Mayor, asegura que: “vaya que hay expectación, para no decir morbo, por saber si Paco Ignacio Taibo II cumplirá su promesa de asumir hoy mismo las riendas del Fondo de Cultura Económica. Luego de su exabrupto de la semana pasada, los senadores morenistas mandaron por un rato a la congeladora la “Ley Taibo”, así es que está por verse si el nuevo Presidente le cumple el deseo de hacerlo encargado del despacho por decreto. El asunto, sin embargo, va más allá de si Taibo habla en latín o con puros albures. ¡Eso es lo de menos! Lo que realmente tiene preocupada a la comunidad intelectual no es su lenguaje florido, sino la falta de proyecto para el FCE. Hasta ahora, el escritor no ha dicho qué piensa hacer con el grupo editorial que tiene más de 10 mil obras en su catálogo, 28 librerías en México, 10 en el extranjero y que es la única empresa librera que ha ganado el Premio Príncipe de Asturias. ¿Será que sí tiene un plan? Es pregunta sin dobleces”.

Futuro de Paco Ignacio Taibo II

En El Universal, Bajo Reserva, asegura que: “esta semana se sabrá si las palabras pronunciadas por el escritor Paco Ignacio Taibo II en la Feria del Libro de Guadalajara, que le generaron una lluvia de críticas y lo obligaron a ofrecer una disculpa por el uso de una ‘frase vulgar’, acabarán por costarle la titularidad del Fondo de Cultura Económica. Por el momento, su nombramiento se encuentra detenido en el Congreso, donde Morena y el Poder Ejecutivo tendrían que dar una batalla, incluso con sus legisladoras, para sacarlo de la congeladora. Ayer don Paco Ignacio dijo que participará en el proceso de entrega recepción del FCE, lo que da una señal de que sigue firme el apoyo presidencial. Así que en los próximos días se verá si se logra un acuerdo político para que se apruebe el nombramiento, y si el gobierno está dispuesto a negociar con la oposición y con algunos miembros de Morena y a invertir capital político a favor de Taibo II”.

Campaña por la militarización

En Milenio, el periodista Carlos Puig, escribe que: “no deja de ser curioso que un gobierno que ha ubicado a los ‘conservadores’ como sus adversarios, como todo aquello que él nunca será, haya pasado tanto tiempo en sus primeras horas y haya tomado la decisión estratégica de empoderar a las fuerzas armadas mexicanas como no se había visto hace mucho, mucho tiempo. Algo hay extraño en ver al Presidente López Obrador en campaña por la militarización de la seguridad. La Guardia Nacional como un cuerpo más de la Secretaría de la Defensa Nacional necesita de un cambio constitucional y, como se dio cuenta hace unos días el gobierno, más allá de la ola del primero de julio, pues en el Congreso no está tan fácil como parecía. PAN, PRI, PRD y MC, que se han pronunciado contra la propuesta, tienen suficientes legisladores para detener el cambio constitucional que López Obrador necesita. Por eso es que la campaña es necesaria para construir presión sobre algunos de esos legisladores […]. El sábado volvió a arremeter contra la Policía Federal: ‘Es indispensable aceptar que la Policía Federal, creada hace 20 años para suplir la labor de las Fuerzas Armadas en el combate a la delincuencia, es en la actualidad un agrupamiento de apenas 20 mil efectivos, que carecen de disciplina, capacitación y profesionalismo’. Si no hay guardia, esos son a quienes tendrá que mandar a combatir el crimen […]. Es imposible que la Guardia Nacional alcance para sustituirlos. Que el Presidente de la esperanza y la transformación los trate así no parece una buena idea”.

Ánimo contagioso

Excélsior, Frentes Políticos, asegura que: “es cierto que las muestras de cariño hacia el nuevo Presidente de la República parecieren exageradas, pero son parte de la catarsis que vivió el país en las elecciones. La gente se le acerca como a ningún otro mandatario mexicano. Y, así, a la efervescencia se une también la Iglesia católica mexicana, que aseguró tener clara la postura ante los nuevos tiempos, la cual será de colaboración, pero sin complicidad, como lo señaló la Arquidiócesis de México, que señaló que ‘México necesita mucho más que políticos. Requiere que cada mexicano se afiance en sus convicciones honestas y respetuosas’. Es verdad, pero por algo se empieza”.

¿Austeridad?

Milenio, Trascendió, asegura que: “pese a la austeridad, en el proyecto de gastos del Senado para el próximo año hay varios rubros raros. Los legisladores de la cuarta transformación de Morena dijeron que no habrá pago de seguros, pero aparece una proyección de 53 millones para ello, además de 918 millones de pesos para ‘gastos legislativos’, que se entiende serán para asesores, y otros 400 millones de pesos para ‘honorarios legislativos’. Con razón el perredista Juan Zepeda y la petista Nancy de la Sierra, entre otros, pidieron explicaciones”.

@loscabareteros

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