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¿Quién cuida la espalda del gobernador?

Alguien que lidia con los infiernos de la política y está convencido de que el cielo es real

Articulo por: Martes 6 febrero, 2018

Llegas un sábado a las 11:00 a.m. a la oficina de Juan Carlos Maturino Manzanera, un abogado de 38 años de edad, esposo y padre de tres hijos. Sientes como una proeza haber conseguido un espacio en la agenda del hombre que cuida las espaldas del gobernador.

Pero ese valor se achica cuando lo ves llegar acompañado de tres asistentes y dos escoltas, lo que te hace pensar en un tipo con un carácter agrio, que se conduce con un aura de superioridad y que no admite que le sostengan la mirada, pues no por nada es uno de los hombres más cercanos al gober, y al que incluso lo tiene en su lista de amigos.

“Al final de cuentas cuando esto termine voy a voltear y nada más vas a estar tú y mis hijos”, le dice a Irasema

Sin embargo, ese prejuicio que hiciste cuando entró cambia en el momento que te recibe un tipo sonriente, afable y que te invita a su oficina como si estuviera en su casa. Su don de gente se puede atribuir a que creció con tres hermanos y una madre soltera que se encargó no solo de criarlo sino de que tomara conciencia de lo importante que es compartir responsabilidades con una mujer.

Maturino vivió los clichés de la clase media en México, pues al ser el hermano mediano, heredaba la ropa del mayor y aunque presenta a sus hermanos como buenos hijos, hubo días en los que esquivaron chanclasos y desde los 17 años se pagó la escuela.

En aquella época la amargura significaba ver a los compañeros irse a El Pueblito mientras él tenía que ir a trabajar al Partido Revolucionario Institucional, donde conoció a algunos de los miembros del equipo que hoy coordina.

Su futuro en la política empezó a dibujarse mientras era estudiante, cuando fue electo presidente de la Sociedad de Alumnos del Colegio de Bachilleres La Forestal y posteriormente secretario general de la Federación de Colegios de Bachilleres en Durango.

A las grandes ligas de la política ingresó de la mano de Ricardo López Pescador. En el 2000, Carlos Maturino se unió a la campaña de José Rosas Aispuro Torres, quien entonces aspiraba a la Presidencia Municipal de la capital.

Tras el triunfo, se estrenó como servidor público en la Dirección Municipal de Desarrollo Social, quizá por eso, cuando se integraba el Gabinete de Rosas Aispuro, ya como gobernador, él esperaba repetir en Desarrollo Social, pero en el ajedrez político el gobernador le tenía reservada la posición de una de sus torres, al nombrarlo coordinador de Gabinete.

Cuando le preguntas de partidos, Maturino demuestra ser más aispurista que panista o priista. En cuanto a ideologías se dice de centro y reconoce que el puesto que tiene no podría desempeñarlo solo y para ello tiene un equipo de seis en casa.

La primera en enterarse que lo consideraban para coordinar el primer Gabinete de oposición en la historia de Durango fue su esposa, Irasema Kondo Padilla, quien cierra filas al interior de la familia mientras él cuida la espalda del gobernador.

En el balance familiar, Maturino sabe que ella lleva la carga más pesada y quien tiene hijos sabe que cuidar a un niño de tres años y cuatro meses, uno de un año con cinco meses, otro de menos de un mes de nacido y uno más que se llamaba Alejandro (+), no es tarea fácil, pero ella lo hace para que él continúe su faceta como funcionario.

Joven como era, perder la elección de 2010 a la gubernatura lo recuerda como un momento de pasiones desbordadas. Un trago amargo. El margen de 1.9 por ciento entre un candidato y otro incrementó la sensación de fracaso.

Hoy sabe que una derrota política no es lo peor que puede pasar. Un 9 de febrero perdió la batalla más importante de su vida. Siete meses antes, un 11 de agosto, a su primer hijo le diagnostican Leucemia Linfoblástica Aguda, un demonio que afecta a los glóbulos rojos, blancos y plaquetas y cuyos síntomas incluyen fiebre y hematomas.

A sus dos años 10 meses, Carlos Maturino tuvo que dejar que Alejandro se fuera al paraíso de los ángeles.

Seis años después, en su oficina narra la que considera la peor película de su vida. Lo imaginas parado frente a una cama de hospital con la mirada fija en un grupo de médicos que intentan reanimar a su pequeño. Aquí no hace contacto visual y sus ojos fijos en la mesa, transmiten impotencia. Salvar o no a su hijo no estaba en sus manos y el diálogo con Dios en ese momento fue breve “Señor, lo que tú decidas yo lo aceptaré”.

La religión estaba en su vida como parte de todo mexicano, no era practicante y aún hoy se asume sin rencores. Su búsqueda de respuestas fue más científica y filosófica.

Hoy para Carlos Maturino el cielo es real y cada día de vida es un día menos de ausencia, llegará el momento para reunirse con su hijo.

Meses después, cuando decidió poner tierra de por medio de una ciudad llena de recuerdos, mientras organizaba la agenda del entonces senador José Rosas Aispuro Torres, el universo lo eligió para ayudar a otro padre en duelo.

Había un hombre con el que hablaba recurrentemente para agendar vuelos. Un día perdió comunicación con él, al indagar el motivo le informaron que estaba de baja en el trabajo porque su hijo de 27 años también fue diagnosticado con Leucemia Linfoblástica Aguda.

Pese a que nunca se vieron, entre ellos surgió un vínculo derivado de las ausencias. En ambos casos se rompió el orden natural de que los padres entierran a los abuelos y los hijos a los padres, el entonces asistente del senador enviaba libros que le habían ayudado a sobrellevar la pena y pasaba horas hablando por teléfono con un hombre al que finalmente nunca conoció.

Regresó a Durango para hacer historia

El 6 de junio de 2016 a las 3:00 de la mañana supo que habían hecho historia, los resultados del Programa de Resultados Electorales Preliminares les daba la revancha. Fue una jornada larga y estresante, recuerda no haber dormido reuniendo actas previendo una situación como la sucedida en 2010, pero con la certeza de que en esta ocasión los resultados les favorecían.

Ser el Gobierno del Cambio no ha sido fácil, apenas 15 días después de la toma de protesta, ocho horas de lluvia ininterrumpidas provocaron el desborde de la presa El Hielo con un saldo de cinco personas muertas y casi el 80 por ciento de la mancha urbana bajo el agua.

Los reclamos y las exigencias de los duranguenses les recordaron que no es lo mismo ser oposición que gobierno.

Para enero del año siguiente una nueva crisis ponía a prueba la resiliencia del gobierno de Aispuro, primero transportistas de carga pesada se apostaron en los alrededores de las instalaciones de Petróleos Mexicanos en protesta por el incremento de los combustibles.

El conflicto fue escalando cuando se unieron taxistas, amas de casa y jóvenes quienes amenazaban con dejar de pagar impuestos. El gobernador que llegó con niveles históricos de aprobación tuvo que abandonar el lugar entre gritos y empujones.

Carlos Maturino las recuerda como las peores crisis en 15 meses de gobierno, pero dice riendo que está más allá de estos infiernitos y es que en este trabajo aunque quieras ayudarlos a todos, eres consciente que esto es humanamente imposible. El cambio radica en seguir intentando.

Los gustos de Carlos Maturino

• Colecciona perfumes
• Le va al América y al Real Madrid
• Le gusta trabajar con música
• Es uno de los miembros más jóvenes del Gabinete
• En el mundo presume el queso duranguense
• Le gusta hacer amigos
• Le gusta leer e ir al cine pero no tiene tiempo
• Los domingos él cocina, su especialidad son los hotcakes

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