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Sin el ánimo de estudiar derecho llegó a ser Magistrado

A los 18 años Raúl Montoya Zamora lo único que quería era tiempo libre y eligió la carrera de derecho, porque según él los horarios de esa facultad representaba eso, pero no sabía que se equivocaba

Articulo por: Miércoles 3 enero, 2018

Miembro de una familia de siete, dos hermanas y tres hermanos, encontró en el futbol una vía para canalizar la energía y en el América una bandera para su pasión.

Aún recuerda acudir a los entrenamientos vestido con el uniforme de su equipo. Entonces, mientras admiraba al capitán Alfredo Tena, así como al argentino Héctor Manuel Zelada, y soñaba con ser portero profesional no sabía que en la vida terminaría jugando de defensa.

Sonríe y se relaja cuando recuerda que sus hermanos eran estudiantes de excelencia, mientras que él, recuerda, era un niño promedio. Eso no era causa de conflicto en su vida porque el cuadro de honor no era parte de sus prioridades.

El sueño de ser futbolista alcanzó hasta la preparatoria. En el Colegio de Ciencias y Humanidades descubrió que los entrenamientos de un equipo, que siempre se mantuvo en la media tabla, se habían convertido en reuniones sociales marinadas con alcohol. Entonces en apareció Erik Barretero quien lo adentró en la que sería su filosofía de vida.

Han pasado 27 años desde el punto de quiebre que significó su primer día entrenando Karate, un deporte que al principio lo llevó a ganar cinco años ininterrumpidos medalla de oro en pesos livianos y después lo ayudaría a superar un accidente que en 2015 lo dejó con quemaduras de segundo y tercer grado en el 45 por ciento de su cuerpo.

Este arte marcial, que se creó en Japón en el siglo XVI cuenta entre sus virtudes el enseñarte a manejar el dolor y afrontar los retos sin rodeos, algo que el magistrado ha tratado de hacer en cada aspecto de su vida.

No es lo único que hace, cada día a las cinco de la mañana, mientras su familia aun duerme, suele recorrer hasta 50 kilómetros en su bicicleta, como parte de su entrenamiento de Triatlón. Antes de que su hijo de 19 años lo abandonara por una chica solían ir juntos a la Alberca 450 a nadar.

El magistrado más joven en tomar la presidencia del Tribunal Estatal Electoral de Durango (TEED), uno de los primeros maestros en Derecho de la Universidad Juárez, con doctorado en la misma especialidad, el autor de 30 títulos especializados en materia constitucional y electoral fue la oveja negra de su familia cuando eligió la Facultad de Derecho (Fader) como su casa.

Sus hermanos, habían elegido la salud como forma de vida mientras el joven Raúl solo quería tiempo para perfeccionar su técnica de Karate con el hombre que se ha convertido en un segundo padre, Erik Barretero.

Ahora en su oficina, un espacio que da la sensación de amplitud en el Tribunal, resaltan entre las imágenes de justicia y los libros de Derecho los dibujos del menor de sus hijos, fanático de ACDC, que también practica Karate y quien lo delata al decir que el magistrado es fan de Bruno Mars.

Luego él también reconoce que escucha a Ricky Martin y a Luis Miguel.

De oveja negra a popstar del Derecho Electoral

Para él la docencia comprueba el hecho de que la manzana no cae muy lejos del árbol: su mamá era una maestra rural que al casarse con su padre dividió sus responsabilidades entre ser ama de casa y profesora de sus hijos, no es casualidad que sus hermanos fueran niños brillantes, incluso él que sin estar en el cuadro de honor llegó a la primaria prematuramente y sabiendo leer.

El talento que tiene para convertir la verborrea legal en términos mundanos lo aprovecharon incluso hasta sus maestros de licenciatura mientras compartían el doctorado, si bien al principio las burlas por su grado de maestro rayaban en el bulliyng finalmente se convirtieron en gritos de auxilio en las clases de doctorado.

Y es que nadie como él para entender temas como “El nuevo Paradigma del Control de la Constitucionalidad en materia Electoral”.

Ha asumido la educación como su bandera para cambiar el mundo. Ahora profesionalmente cambiaría a todo, excepto la docencia. Este compromiso lo llevó incluso a dirigir la Facultad de Derecho en 2012.

No lo recuerda como un periodo especialmente alegre de su vida. Además de la responsabilidad que implicaba el recuperar el prestigio de una institución en declive, en donde la cafetería fungía como casino y donde los trabajadores eran un desmadre, significó perder amigos.

Y es que horas antes de la elección, Ramiro Ortiz Aguirre, uno de sus contrincantes y a quien recuerda como amigo, fue levantado. A los rumores de secuestro, le siguió un halo de descofianza, muchos creían que solo se trataba de una estrategia de campaña, pese a ello en su círculo más cercano se prendieron las alertas.

Su ascensión en estas condiciones al tope del organigrama de la Fader le apaga el ánimo, pero el 75 por ciento del apoyo de estudiantes y maestros no le dejaba espacio para dudas, tenía que sacar una facultad a flote.

El periodo fue corto, pero le ayudó a sentar las bases de proyectos por los que a la fecha es reconocida la Universidad, pero la vida decidió que él ocupara una posición en otro organigrama.

Continuar el juego como defensa

En 2018 cumple 20 años en el Tribunal Electoral, su ascenso ha sido un proceso natural. Inició como actuario en julio de 1998. Fue secretario de Estudio y Cuenta de 2001 a 2012. Consejero electoral suplente de 2008 a 2012. Magistrado del Tribunal Electoral y posteriormente presidente por casi dos periodos.

Para algunos ser electo magistrado es una condición glamurosa, pero para él solo ha significado trabajo, así como algunos desencuentros y es que no siempre ha estado de acuerdo con las resoluciones que se emiten en el siguiente escalafón que constituye la defensa del derecho electoral.

Una forma de aliviar esta frustración han sido los libros, es ahí donde plasma su postura crítica, algo que le ha valido reconocimiento a nivel internacional. Hace unos años en un congreso en España un joven estudiante se mostró sorprendido de estar frente a quien citaba en su tesis. No lo dice, pero su voz cambia al contar la anécdota, mientras trata de contener la sonrisa.

La carrera en el Derecho Electoral podría llegar a su fin en 2018. Su periodo como magistrado concluye en diciembre del próximo año y entre sus planes no está renovar su permanencia en este órgano colegiado y el deseo de convertirse en consejero del Instituto Estatal Electoral ya no es opción.

Ahora sus expectativas son distintas, aunque desea mantenerse como defensa, le gustaría que su conocimiento estuviera al servicio de la gente, por lo que no descarta trazar rumbo a un tribunal internacional. Después de todo apenas tiene 49 años.

Durango

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