Con “terapias” padre lasallista abusaba de joven
Gómez Palacio, Dgo.- Con el pretexto de darle “terapias” para combatir su fobia a la oscuridad, el padre lasallista Alejandro, abusó en diversas ocasiones de Sofía, una joven gomezpalatina de 20 años de edad y estudiante de odontología. Los actos indebidos ocurrieron en el voluntariado que se realizó durante un año en la ciudad de […]
Gómez Palacio, Dgo.- Con el pretexto de darle “terapias” para combatir su fobia a la oscuridad, el padre lasallista Alejandro, abusó en diversas ocasiones de Sofía, una joven gomezpalatina de 20 años de edad y estudiante de odontología.
Los actos indebidos ocurrieron en el voluntariado que se realizó durante un año en la ciudad de El Salto, cabecera municipal de Pueblo Nuevo.
“Fue un abuso bastante fuerte, no tenía la fuerza para hablarlo, no me sentía bien conmigo misma, necesitaba esa fuerza para aceptarlo y denunciarlo”, reveló la joven, quien durante casi dos años sufrió depresión por tal motivo.
Fue en 2016, año en que concluyó el bachillerato, cuando decidió participar en el voluntariado anual que realiza el Instituto Francés de La Laguna (IFL), ubicado en el municipio de Gómez Palacio.
Ella tenía una buena experiencia contada, por parte de su hermana, quien dos años antes también participó en dicha actividad.
Su decisión estuvo influenciada por el propio padre lasallista, y al final fue una de las integrantes del grupo conformado por 22 personas, aunado a que sus padres la apoyaron incondicionalmente.
Solloza, platica que existía una estrecha comunicación con Alejandro, quien además tenía la confianza plena de sus padres y hermana, incluso en algunas ocasiones, comió y durmió en su casa, motivo por el cual no podía desconfiar de él, un hombre de aproximadamente 46 años.
Era una amistad tan cercana que el sacerdote le llevó a sus padres una bendición papal por escrito, en la que el Papa los felicita por sus 25 años de matrimonio, lo que acabó de convencerle de entrar al voluntariado.
Ya en El Salto, él como director y guía espiritual, les dio a conocer las normas que tendrían que cumplir, entre las cuales estaba dejar de usar el celular, lo que la mantuvo incomunicada de su familia.
Sofía tiene fobia a la oscuridad y cuando se lo platica a Alejandro, este le dice que la va ayudar, por lo que empieza a citarla a las 11 de la noche al centro comunitario de El Salto, edificio que consta de tres pisos y se ubica frente a la casa donde dormían, para empezar con sus “terapias”.
Los abusos en un principio solo eran de desnudo y como iban transcurriendo las sesiones, el lasallista le pedía que se quitara más ropa, luego empezó con tocamientos, le daba nalgadas, hasta que finalmente, abusó sexualmente de ella.
Al querer deslindarse de tales actos, Sofía era amedrentada, pues su presunto abusador le gritaba, la amenazaba y le advertía que si no acudía a las “terapias” ya no la ayudaría más.
En diciembre de 2016 regresaron a sus casas por periodo vacacional, y aunque ella intentó no regresar le fue imposible negarse, “fue muy difícil porque vivíamos en la misma casa, no comía cerca de él y buscaba no estar cerca, pero el hermano cuestionaba mi alejamiento y yo le decía que solo quería convivir con los demás”, platica Sofía.
Debido a sus actitudes, el padre Alejandro le advirtió que quería verla en sus sesiones, al punto de la desesperación platicó con dos de sus amigas más cercanas, mismas que habían sido abusadas de la misma manera y por la misma persona.
Al final del voluntariado, Sofía intentó olvidar lo acontecido, sin embargo cayó en una depresión que le generaba insomnio, por lo que finalmente decidió platicar con su madre.
Al instante, sus papás informaron a las autoridades del Instituto Francés de La Laguna, quienes pidieron elaborar un escrito donde relatara los hechos, sin embargo una semana después los lasallistas simplemente contestaron que no harán nada contra el padre hasta que presentaran una denuncia penal.
“Eso me causo dolor y decepción, luego de que yo esperaba solidaridad de parte de ellos que se jactan de predicar la fraternidad y la justicia”, aseveró la joven.
En la primer semana de octubre pasado, “Sofi” interpuso la denuncia penal ante la Vicefiscalia Laguna.
Ante la demanda, el director del IFL de nombre Carlos trasladó al padre Alejandro a la ciudad de Monterrey, Nuevo León, con el pretexto de que sería tratado psicológicamente, sin embargo, a través de las redes sociales se enteraron que sigue vigente y en contacto con más voluntarios.
Finalmente, Sofía pide a las otras víctimas del padre Alejandro, denuncien los abusos, afirmando que ella ha recibido todo el apoyo de las autoridades, dijo que busca justicia no solo por ella sino por todas las demás que sufrieron el mismo daño.








