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La fórmula de la felicidad según AMLO

Articulo por: jueves 29 agosto, 2019

Estamos a una semana de la presentación del Primer Informe presidencial de Andrés Manuel López Obrador, con ello nos aprestamos a ver el análisis que desde dentro del gobierno de la 4T hacen del trabajo que han realizado y que por los spots publicitarios que ya manejan, es muy positivo.

Al parecer existe un divorcio entre lo que piensa la sociedad y lo que percibe López Obrador; si bien su accenso al poder fue legítimo y con un enorme respaldo social, al paso de diez meses de gobierno, ese apoyo disminuyó notablemente pero el Presidente sigue pregonando que la trasformación que encabeza generó un mejor ánimo social y solamente eso importa.

Hace apenas unos días el Inegi corrigió el dato del crecimiento económico y lo ajustó a un cero por ciento, a pesar de eso el presidente López Obrador dijo que eso no era importante pues la riqueza estaba mejor distribuida y con ello se generaba un estado de felicidad en el pueblo.

Para medir el desarrollo de la economía de un país, su principal indicador es el crecimiento económico; eso significa que hay confianza de los empresarios y no temen invertir su dinero, eso también da cuenta de un incremento en la generación de empleo, punto básico porque implica hay un ingreso estable para los trabajadores; que no haya crecimiento económico nulo, solamente indica el estancamiento de un país y eso termina por afectar a la sociedad y también al gobierno.

Pero eso es algo que se desestima por el presidente López Obrador y confunde a propósito la distribución de la riqueza con la entrega de dinero que hace su gobierno a través de varios programas sociales.

Todos saben que el Gobierno no genera riqueza, eso está reservado para las empresas de la iniciativa privada; el gobierno crea programas sociales que fondea con los impuestos que pagamos todos y luego distribuye ese recurso en sectores vulnerables o a quienes desea cobijar, pero eso nunca significa que se está distribuyendo la riqueza, eso es solamente un reflejo de que hay empresas y ciudadanos pagando impuestos para financiar la actividad gubernamental.

Si no hay crecimiento económico, las empresas y los trabajadores no generan los impuestos requeridos por el gobierno para fondear sus programas sociales y eso obliga a suspenderlos cuando se es responsable o a tomar dinero de otros rubros para mantenerlos, afectado aspectos como el de la salud, la educación o la obra pública.

En el caso del gobierno de López Obrador, se presumió que solamente con el combate a la corrupción y un intenso plan de austeridad se generarían los recursos necesarios para fondear programas sociales y sostener un aparato gubernamental, barato pero efectivo.

El problema es que la austeridad implicó cerrar estancias infantiles, cancelar servicios de salud, quitarle recursos a la promoción de la cultura y a la investigación científica; esa misma austeridad determinó no utilizar el avión presidencial para ponerlo a la venta, pero no usarlo cuesta dos millones de pesos diarios, solamente por almacenaje; se suspendió un proyecto estratégico como era el Nuevo Aeropuerto Internacional –lo cual tuvo un costó multimillonario que ahora pagamos todos– y se sustituyó por otro que no puede arrancar y ya presupuestalmente igualó al cancelado.

La austeridad implicó despedir a empleados gubernamentales, los que sabían cómo hacer el trabajo, eso genera que en muchas áreas exista parálisis gubernamental y también se reflejó en los indicadores de empleo los cuales indican la menor tasa de creación de puestos de trabajo en los últimos 18 años.

El presidente dice que ahora el pueblo es feliz y esa felicidad generó un mejor ánimo social; pero la realidad es que los niveles de percepción de inseguridad pública han aumentado, sobre todo por el grado de violencia que se manifiesta en el incremento del número de asesinatos y en los números de las encuestas de aprobación gubernamental, la figura presidencial no deja de seguir cayendo y por primera vez apareció una encuesta –en redes sociales—que lo ubicó en 47 por ciento de aprobación, si se considera que en febrero su aprobación era de 75 por ciento, en cinco meses se desplomó.

No hay una encuesta donde no se documente la caída en las preferencias por López Obrador, eso de ninguna manera refleja un pueblo feliz con su gobierno y menos deja constancia de ese buen ánimo social que presume.

Esperemos ahora para ver el México que Andrés Manuel López Obrador nos dibuja en su primer informe presidencial, esperemos sus resultados, logros y si tiene un poco de autocrítica.

Rafael Cano Franco, es periodista y conductor de noticias, preside el Foro Nacional de Periodistas y Comunicadores A.C.

Durango

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