Acabó la suerte del peso mexicano

El modelo económico propuesto por el presidente López Obrador, ha fracasado y la buena suerte que alentó la estabilidad monetaria del peso, pondrá en el 2022, cambios radicales que dependerá de las correctas decisiones políticas y económicas para salir bien librado, pero ese factor precisamente es lo que preocupa por las actitudes de la 4T […]

17/11/2021

El modelo económico propuesto por el presidente López Obrador, ha fracasado y la buena suerte que alentó la estabilidad monetaria del peso, pondrá en el 2022, cambios radicales que dependerá de las correctas decisiones políticas y económicas para salir bien librado, pero ese factor precisamente es lo que preocupa por las actitudes de la 4T de hostigar a la inversión, ahogando el crecimiento económico. Por eso se teme no salir bien librados.

El cambio es obligado por las modificaciones de la FED en los Estados Unidos, que incidirán en la relación dólar-peso. Los intereses luego de los programas de apoyo a la empresa en los Estados Unidos, colocarán al precio del dinero en niveles más altos.

El efecto pega directamente en la línea de flotación del peso, porque no habrá dinero fácil y la era de las tasas bajas de interés ya no aplicarán como venían afectando en estos últimos dos años la relación monetaria.

Una de las ideas que los izquierdistas defienden es que las tasas bajas generan por sí mismas, empleo y crecimiento. No hay tal, porque se fomenta la especulación y el recurso pasa a favorecer a las clases altas. Los de siempre perjudicados son los de bajos ingresos, algo común en los Estados Unidos y más en México. Las tasas bajas tampoco apoyan el consumo interno, y menos aún un posible crecimiento, pues son un mecanismo financiero en que las instituciones intentan colocar créditos, y los intereses son bajos.

Suena bien, pero en escenarios de contracción económica, de recesión en que estuvimos antes de la pandemia en México, fruto de errores de la Cuarta Transformación, no es nada fácil resolver con créditos los proyectos de vida.

Con ese cambio el precio del dinero será más caro, es decir, los créditos fáciles serán más ausentes y con mayores intereses.

Este principio es rebasado por la realidad, si consideramos que la clase media, y baja manejan los costos del crédito de tarjetas, que rebasan en mucho los créditos de diversa naturaleza. Así no puede haber algún colchón de ahorro, muy necesario para lo que viene.

Ejemplo: La vivienda en los Estados Unidos, se ha vuelto inaccesible para los radicados de origen latinoamericano. En México se ha dado un proceso similar, con viviendas pequeñas en torres, lo que se propone como “microliving”. Por tanto las inversiones en bienes raíces son nuevamente una costumbre en México para afrontar esas tormentas y no perder poder adquisitivo.

A decir verdad, en 2022, tenemos que invertir con sabiduría, ahorrar en lo posible, pero depender más que nada de las divisas de los migrantes mexicanos, como presume el gobierno de AMLO, no es garantía de tener una economía exitosa, sino que hay un fracaso del modelo económico que México buscó con la actual administración federal, y que en forma contradictoria ofrece perfiles neoliberales, pero a la vez anula las oportunidades para la inversión, por políticas contrarias muy agresivas.

Las políticas fiscales mexicanas de mayor celo recaudatorio, pero en un reducido sector del padrón, es decir, más impuestos sobre un reducido universo empresarial, desalientan el desarrollo, o nuevas inversiones.

Se siente más como hostigamiento, con presupuestos que reducen recursos para tareas fundamentales como salud, educación, pero agravan los costos de prestaciones sociales con fines de clientelas electorales, en enfoque de ogro filántropico de un estatismo que pretende favorecer las paraestatales claves como son el caso de Pemex y CFE.

Las noticias en este momento, por parte de la SHCP que maneja la verdad pero las endulza para que pasen sin provocar reacciones del presidente, que se ha disgustado por datos del INEGI en materia de salud o de sus criticadas obras faraónicas como la Refinería, el Tren Maya y el sistema de aeropuertos que serán más caros de lo estimado.

Las tasas bajas, producen otro fenómeno en México. Se generan empleos pero de salario mínimo, que alcanza incluso a capas de profesionistas recientemente egresados de las universidades, y en extremo, son en realidad sueldos de labores de trabajo físico, en serie, más que requerir conocimientos especializados. El crecimiento de la pobreza de 11 millones más ese resultado de la política económica populista y asistencialista.

La era de López Obrador comenzó en su primer año con severa disciplina fiscal, pero los datos recientes de SHCP, se quedan cortos porque se basan en precios de canasta básica controlada, no consideran que el acero subió un 60 por ciento y el cemento 40 por ciento, lo que puede parar la construcción e incluso afectar a la industria automotriz.

La inflación real, es más cercana al 6.3 por ciento. A pesar de que el Subsecretario de Hacienda, Gabriel Yorio, declaró que se ha tenido una reducción en el tercer trimestre de este año, de 0.2 por ciento, lo cual tratan de arreglar como no determinante “para alterar la ruta del crecimiento” que pretenden sea de 6.3 por ciento, lo cual es casi imposible, pues se estima una optimista recuperación del 3 por ciento del PIB nacional, sumado a la proyección del año próximo que podría ser de apenas 2.5 por ciento.
“Vacas flacas a la vista”

Julio Santaella, director del INEGI que ha tenido ya choques por la labor de su institución con el presidente de México, al dar datos reales en contradicción de los discursos mañaneros, dijo algo que pudiera ser en apariencia, algo positivo, pues tendremos ingresos de 4 billones, 322 mil, 258 millones, es decir, se recaudará más de 146 mil millones de pesos. Esta parte es aparentemente alentadora, pero luego da a conocer la realidad.
“Se incrementó el gasto público neto en un 5.6 por ciento más que en período anterior”

En otras palabras, hay un déficit en los números que se recaudan, a comparación de lo que se gasta. Por ese hecho, la Transformación de Cuarta, desaparece fideicomisos, fondos y otros tantos recursos, para suplir lo faltante.

En resumen, estamos gastando una millonada en sus tres inservibles obras faraónicas, y en programas de asistencialismo, que la deuda del país, cada vez será mayor, por eso tenemos esos índices tan peligrosos de inflación.

No bastará que el presidente use su popularidad y alegue que “vamos requetebién” pues sus palabras son vacías y muchas de ellas están llenas de mentiras; la realidad no es cómplice de la demagogia, acabo la suerte del peso de hoy al próximo año.


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